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—Oye, cari
— Dime, Gaspar.
—¿Te hace falta el camello esta tarde?
—No tenía pensado salir. ¿Por?
—Nada, es que quería ir con los amigos a ver a un niño que acaba de nacer.
—¿Desde cuándo vais tú y tus amigos a ver niños que nacen?
—Es que dicen que este va a ser alguien importante.
—¿Ah, sí? ¿Quiénes son los padres?
—No lo sé.
No lo sabes. ¿Y dónde está el niño?
—Tampoco lo sabemos.
—Ya. Entonces, ¿cómo pensáis encontrarle?
—Vamos a seguir una estrella que nos guiará hasta él.
—Ah, claro… una estrella. ¿Y quiénes vais?
—Los de siempre.
—Qué poca gracia me hace cuando te juntas con ese viejo y el moreno. Menos para trabajar, están para todo.
—Son mis amigos.
—Oye, ¿no será que juega el Judea y vais otra vez al campo? Que te conozco, Gaspar…
—Que no, mujer, que de verdad que vamos a ver a un niño.
—¿Y qué le vais a regalar?
—No sé, aún no hemos pensado nada. Ya le compraremos algo cuando estemos llegando; así no tenemos que ir cargados.
—Anda bueno, ni que tuvierais que llevar regalos a todos los niños del mundo.
—Ya estamos con las pullitas…
—Bueno, bueno. Pues nada, tira. Miedo me da lo que le vayáis a comprar al muchacho…
—Qué poquito confiáis en nosotros. Ni que fuéramos  tontos.

El resto de la historia es de sobra conocido. Melchor, Gaspar y Baltasar, ‘Sus Majestades de Oriente’, se presentaron en Belén portando oro, incienso y mirra. Las tres cosas que, como todo el mundo sabe, más necesita cualquier recién nacido. Y no le regalaron cerveza porque no encontraron ningún ‘chino’ de camino. Olé sus huevos.

FIN.

https://www.safecreative.org/work/1901039518841-queridos-reyes-magos-que-huevos-teneis-

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