Doodle_2019-11-14T08_18_43Z

Ilustración de Segundo Deabordo

 

Blancanieves tenía cientos de miles de seguidores; era la reina de Instagram.

—Pero hija, ¿tienes que publicar cada detalle de tu vida? ¿No te parece un poco exagerado? —le preguntaba su padre.
—Pues tu “amiguita” también lo hace. ¿A ella no le dices nada?
—No hables así de tu madre.
—No es mi madre, es tu novia. Y es una envidiosa.

Esto último era muy cierto, porque la madrastra no soportaba el éxito de Blancanieves. Tanto era así, que llegó a contratar a unos sicarios para que liquidasen a la muchacha, que además de triunfar en Instagram ya empezaba a despuntar como youtuber. ¡Y hasta ahí podíamos llegar!

Los matones secuestraron a Blancanieves y la llevaron a un descampado. Cuando la sacaron del coche y le quitaron la capucha que cubría su rostro, el conductor la reconoció. Era un gran seguidor suyo y logró convencer a los otros sicarios para que la dejasen con vida.

—Nos han pagado para que te matemos —le aclaró a la muchacha—, así que ni se te ocurra volver a tu casa.
—Vale, pero… ¿me puedo hacer una foto con vosotros? ¡A mis fans les va a encantar verme secuestrada!
—Déjate de fotos. Aprovecha que te van a dar por muerta y emprende una nueva vida lejos de tu madrastra si no quieres acabar “fiambre”.

Desorientada y aturdida, Blancanieves caminó durante horas por el monte hasta que encontró una pequeña casa donde vivían siete señores muy bajitos (ahora está mal visto decir ‘enanitos’). Estos le ofrecieron quedarse a vivir con ellos a cambio de realizar todas las tareas domésticas. Porque eran bajitos y simpáticos, sí, pero un poco explotadores también.

Blancanieves aceptó el trato; no tenía otro sitio donde ir. Durante el día se encargaba de limpiar, planchar y cocinar mientras los ena… digo, los señores bajitos trabajaban en la mina. Siempre regresaban a casa riendo y cantando, salvo uno que había nacido mudito (aunque le estaban llevando a un logopeda y se estaba poniendo mejor).

Así iban las cosas hasta que un día la madrastra descubrió que la muchacha no estaba muerta. La culpa fue de la propia Blancanieves, que no había podido resistir la tentación y había colgado una foto de su nuevo hogar en Instagram mostrando la ubicación. La madrastra activó el localizador GPS de su teléfono y se encaminó al monte llena de rabia, dispuesta a acabar con ella.

En pocas horas encontró la casa y halló a la joven tendiendo la ropa. En un principio había pensado disfrazarse de anciana y darle una manzana envenenada, pero como no tenía humor para esas tonterías, agarró un palo bien gordo y se acercó sigilosamente por la espalda.

—¡Toma, este también es seguidor tuyo! —exclamó antes de propinarle a Blancanieves un estacazo en la cabeza que la dejó más tiesa que la mojama.

Cuando los siete señores bajitos regresaron de trabajar y vieron a Blancanieves en el suelo con los ojos en blanco y la lengua fuera, se disgustaron mucho. ¡A ver quién iba a hacer ahora las tareas de la casa!

—Habrá que llamar a la funeraria —dijo el mayor de ellos.
—¡Eso es carísimo! —advirtió otro.
—Entonces tendremos que enterrarla nosotros.
—Pues ya puedes ir cavando tú la zanja, que yo vengo deslomado de la mina —contestó un tercero.
—¡Aaaoo aaauuaaaaa ooooeeeee! —gritó el mudito.

Se enzarzaron en una fuerte discusión y al final la acabaron metiendo en una caja de cartón y la dejaron en mitad del monte para que se la comieran los lobos. Y a otra cosa. Porque los ena… digo, los señores bajitos eran gente muy práctica.

Al día siguiente, apareció por allí un príncipe. Bueno, de lejos parecía un príncipe, pero de cerca era un excursionista vestido de color azul y con el pelo largo. El caso es que encontró a Blancanieves metida en la caja de cartón y, al verla tan hermosa, pensó que podía ser una princesa dormida, como las de los cuentos.

Se acercó a ella y la besó con mucha delicadeza en los labios. Y entonces Blancanieves… ni se meneó. Porque estaba muerta, ya lo hemos dicho. Muerta del todo. Cabeza muerta, brazos muertos. El tronco y las piernas también muertos.

Nervioso y algo mareado, el excursionista sacó su teléfono móvil para llamar a la policía e informar del hallazgo del cadáver. Pero cuando estaba a punto a pulsar la tecla de llamada, pensó: “Espérate, que como me tenga que quedar aquí para que me tomen declaración, se me va la mañana entera y me fastidian la excursión”.

Así que guardó el teléfono, se comió un plátano y siguió caminando monte arriba. Porque los excursionistas también son gente práctica.

¿Y qué pasó con Blancanieves…? Les dejo cuatro opciones, elijan la que más les guste.

A: se la comieron los lobos y les supo a gloria.

B: la encontraron los dueños de un restaurante oriental y formó parte del menú de esa semana.

C: sus seguidores de Instagram la encontraron, la embalsamaron y actualmente está expuesta en el Museo de celebridades que no han trabajado en su vida.

D: si no les convence ninguna de las anteriores, les cedo la pluma. Échenle imaginación y escriban un comentario aquí mismo o en el post de Facebook, donde prefieran, contando el final (breve) más disparatado que se les ocurra. Seguro que nos divertimos 😀.

FIN

Para leer más ” Cuentos en Escabeche” pincha aquí.

https://www.safecreative.org/work/1911142474330-cuentos-en-escabeche-blancanieves