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(Ilustración de M.S. de Frutos)

A principios de septiembre fue mi cumpleaños y los compañeros de la oficina me regalaron un bono de sesiones de rayos UVA. No se explicaban cómo, después de pasar dos semanas en la playa, había vuelto aún más pálido. La razón era muy sencilla: les mentí; no me había movido de mi casa.

Y es que, la última vez que fui de vacaciones a la costa —hace ya muchos años— me picaron dos medusas, pisé un erizo de mar y me mordió un perro. Todo en la misma tarde. Desde entonces, no he vuelto a poner un pie en la playa, aunque siempre cuento que veraneo en Benidorm para no tener que dar explicaciones.

A lo que íbamos. El gabinete de rayos UVA en cuestión estaba dentro de un gimnasio, así que pensé “bueno, en ese caso también se considerará hacer deporte”. Preparé la mochila y allí me presenté.

La persona que me atendió en la recepción me entregó unas pequeñas gafas oscuras para proteger los ojos y me explicó que la cabina de rayos era de las modernas, una especie de armario grande en el que entras y te quedas de pie para broncearte por los cuatro costados. También me entregó un slip tipo tanga de un solo uso y, por último, me indicó que la cabina estaba nada más salir del vestuario, la segunda puerta de la derecha. “No tiene pérdida”, me aseguró.

Me dirigí al vestuario, me quité la ropa y me puse el tanga desechable. Quizás no era de mi talla o quizás no me lo coloqué correctamente, pero el caso es que era imposible mantener las cosas en su sitio y los testículos me colgaban a ambos lados de la cuerda como si fuera el cuello de un pavo.

Me envolví en mi albornoz de flores, me puse las gafas negras que me había dado el recepcionista y salí del vestuario. Avancé por el oscuro pasillo palpando la pared y localicé a tientas la puerta de la cabina, la abrí y me metí dentro. La temperatura era agradable, tirando a cálida. Sonaba una música muy relajante y flotaba un sutil aroma dulzón, como a incienso. “Todo está cuidado al detalle”, admití.

Me quité el albornoz y lo dejé caer al suelo. La sensación de notar el calor de los rayos en todo el cuerpo era francamente placentera. Las gafas me protegían los ojos a la vez que me impedían ver nada, así que me concentré en la música oriental que sonaba y comencé a moverme a su compás.

Todo era estupendo, menos la dichosa cuerda-tanga que estaba lacerando mis partes, así que me la quité. En ese momento me pareció escuchar un leve murmullo. “Habrá alguien fuera esperando su turno”, pensé.

Ahora sí que estaba realmente a gusto. Liberado de la atadura genital, aproveché para practicar algunos movimientos de baile algo más sinuosos. Al poco tiempo volví a sentir el murmullo, ahora a un volumen mayor. Después escuché unas risas contenidas, que cada vez se hicieron más evidentes, hasta que ya me puse nervioso, me quité las gafas y descubrí lo que ocurría: no estaba dentro de ninguna cabina de rayos UVA.

Delante de mí había una docena de señoras de mediana y avanzada edad sentadas en colchonetas. Algunas reían y otras estaban con los ojos como platos. En un acto reflejo, me encogí intentando cubrir mis partes pudendas con las manos.

—No pares ahora, hombre, que lo estabas haciendo muy bien— me dijo una de las señoras con tono socarrón, provocando la carcajada del resto.

Aún agachado, recogí mis cosas del suelo y caminé hacia atrás para salir por donde había entrado. Ya en el pasillo, me puse rápidamente el albornoz y entonces leí el cartel que estaba junto a la puerta: me había metido en la sala de yoga. La cabina de rayos era la puerta siguiente.

Sin cambiarme de atuendo, salí corriendo del gimnasio, me monté en el coche y me marché a mi casa.

Desde aquel día, tengo pesadillas recurrentes en las que aparezco desnudo en diferentes lugares frente a un nutrido grupo de mujeres que ríen y cuchichean.

Si alguien quiere hacer uso de las nueve sesiones que le quedan al bono, que se ponga en contacto conmigo. Se lo regalo. Prefiero seguir luciendo mi palidez habitual antes que volver al gimnasio y cruzarme con alguna de aquellas señoras.

FIN

Pueden encontrar todos los episodios pinchando aquí.

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*Visita el blog del ilustrador M.S. de Frutos: https://humorensutinta.wordpress.com/

https://www.safecreative.org/work/1912252749745-la-cabina-de-rayos-uva