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—Hoy nos visitan unos invitados muy especiales. Son Rodolfo y Odón, dos hermanos gemelos capaces de hablar usando exclusivamente palabras formadas con la vocal O. Supongo que esto que aseguran es cierto; no me querrán tomar el pelo, ¿verdad?

—Rodolfo: ¿Tongo? No, no. Nosotros todo con O.

—Muy bien. ¿Les importa si les hago algunas preguntas para conocerlos un poco?

—Odón: ¡Cómo no!

—Pues empecemos por presentarlos. ¿Cuál es su nombre completo?

—R: Rodolfo Montoro Borbón.

—O: Odón Montoro Borbón.

—¿Borbón? No serán ustedes de la familia real…

—O: ¿Nosotros? Nooooo…

—Entonces díganme, ¿a qué se dedican?

—R: Somos odontólogos.

—Ah, ¿y les viene de familia? ¿Sus padres también son odontólogos?

—R: No. Son podólogos.

—¿De dónde son ustedes?

—R: Logroño.

—¡Qué buena tierra! Aunque allí los inviernos son muy fríos, ¿no?

—R: Yo no lo noto.

—O: Yo pongo gorro gordo.

—Rodolfo, veo que lleva alianza. ¿Está casado?

—R: Con otro mozo.

—¿Cómo se llama?

—R: Tom. Tom Pollock.

—Por el nombre deduzco que es extranjero. ¿De dónde es?

—R: Toronto.

—¿Es guapo?

—R: Como Don Johnson.

—Perdone que me entrometa. ¿Se casaron muy enamorados?

—R: No conozco otro modo. Somos dos tórtolos fogosos.

—¡Qué bonito! Veo que rezuma usted amor.

—R: Por todos los poros.

—¿Y él también es odontólogo?

—R: No. Doctor.

—¿Cuál es su especialidad?

—R: Tocólogo.

—¿Tocólogo? Perdone mi ignorancia, no sé exactamente qué es lo que compete a los tocólogos.

—R: Potorros o mondongos.

—Ah, claro. Bueno, vamos a preguntarle también a usted, Odón, que veo que su hermano habla mucho.

—O: ¿Rodolfo? ¡Por los codos, como los loros!

—Dígame, ¿está usted casado?

—O: No.

—¿Vive usted solo entonces?

—O: ¿Solo? No. Con dos monos gordos como colosos.

—Cuéntenme, ¿qué aficiones tienen ustedes?

—R: Yo, los monólogos, los cromos, los bolos…

—O: Yo, los toros, motocross…

—¿Motocross? ¿Se dedica a ello de forma profesional?

—O: No, yo no cobro. Monto solo por gozo.

—Tendrá muchas motos entonces.

—O: Ocho.

—¿Y coches?

—O: Dos cómodos Volvo, color rojo.

—Y usted, Rodolfo, ¿práctica algún deporte?

—R: Yo corro por los sotos boscosos. Como los gnomos, jojojojo…

—¿Les gusta la música?

—R: Mogollón.

—¿Cuál es su estilo preferido?

—R: Rock.

—O: Yo, pop o folk.

—¿Tocan algún instrumento?

—R: Yo soplo trombón.

—¿Y usted, Odón?

—O: Yo, trombón no. Yo solo soplo globos, jojojojojo…

—¿No toca ningún instrumento entonces?

—O: Toco los bongos como loco.

—¿Se le da bien?

—O: Lo bordo.

—¿Les interesa la política?

—R: Por lo pronto, no. Son todos flojos.

—O: Yo no voto.

—¿Son ustedes religiosos?

—R: Yo, ortodoxo.

—O: Yo, mormón.

—Dígame, Rodolfo. ¿Tiene alguna fobia?

—R: No soporto los horóscopos, son bochornosos.

—¿Y algo que le agrade mucho?

—R: Los otoños con sol. Son gozosos.

—Le doy la razón. La luz de otoño tiene algo mágico, es como si las siluetas se vieran… cómo le díría yo…

—R: Con los contornos borrosos.

—¡Eso es! Dígame, Odón, ¿hay algún personaje que admire?

—O: Colón.

—¿Y alguno que deteste?

—O: Yoko Ono.

—Entiendo entonces que le gustan los Beatles. ¿Tiene alguna canción preferida?

—O: “Long, long, long”.

—¡Ah, sí! Esa es de George Harrison, aunque no es muy conocida. ¿A usted qué le parecen los Beatles, Rodolfo?

—R: Ñoños.

—¿Le gustan más los Rolling?

—R: No. Los Doors o Los Lobos.

—Muy buenos también, sí señor. Vamos a hablar, si no les importa, de un asunto un tanto delicado. ¿Tienen ustedes más hermanos?

—R: No. Solo somos nosotros dos.

—Pero alguien me ha contado que ustedes eran trillizos, ¿había entonces un tercer hermano?

—R: Moncho.

—¿Qué le ocurrió?

—R: Probó los porros. No controló. No contó con los costosos costos. Tocó fondo como pocos.

—¿Consiguió rehabilitarse?

—R: No. No lo logró. Robó, sobornó, montó pollos horrorosos. Lo jorobó todo.

—¿Tienen algún contacto con él?

—O: No. Cortó con nosotros.

—¿Y no han intentado ustedes localizarlo?

—R: No. Ojo por ojo.

—Entiendo. Tuvo que ser díficil para la familia.

—R: Como poco, doloroso.

—O: Lo corroboro. Nos provocó no pocos sofocos.

—Creo que su padre ya no vivía cuando ocurrió, pero su madre sí. ¿Qué tal lo llevó?

—O: Con horror. Lloró por todos. Con los ojos rojos, con hondos sollozos.

—Me imagino que se apoyaron mucho entre ustedes.

—O: Todos con todos, hombro con hombro.

—Eso está muy bien. Vamos a cambiar de tema. Les voy a hacer unas preguntas sencillas, a ver si consigo que digan alguna vocal que no sea la O. ¿Cuál es su animal favorito?

—R: Los zorros.

—O: Los potros.

—Un árbol que les guste.

—R: Los chopos frondosos.

—O: Los olmos.

—Algo que sirva para dormir.

—R: Colchón.

—O: Cloroformo.

—Jejeje, muy agudo. Un insulto.

—R: Bobo.

—O: Tontorrón, soso, golfo, mocoso, roñoso, gorrón, troll…

—Vale, vale, con uno era suficiente. Díganme, ¿qué han comido hoy?

—R: Pollo con hongos, ocho trozos.

—O: Yo, lomo con mojo. Poco; como con los ojos.

—Siendo de Logroño, supongo que con un vino de Rioja…

—R: No. Yo con Oporto. Solo dos sorbos.

—O: Yo como con mosto.

—¿Han tomado postre?

—R: No. No somos golosos.

—¿Y café?

—R: Yo no.

—O: Yo, solo.

—Vaya, no hay manera de pillarles. Doy fe de que es cierto lo que aseguran.

—R: Jojojojo… nosotros todo con O.

—Bueno, no quiero robarles más tiempo. Ha sido un placer charlar con ustedes. Me van a permitir que, a modo de homenaje, les despida con la vocal A: Hala, marchad a casa a largas zancadas. ¡Hasta mañana, camaradas!

—R: ¡Corcho! ¡Honoroso colofón, tronco!

—O: Ojo, yo no solo lo honro, lo tomo como otro logro jocoso.

—Muchas gracias. ¿Volverán a visitarnos algún día?

—R: Cómo no. Pronto.

—O: Con todo gozo, copón.

—Un abrazo.

—R: ¡Otro!

—O: ¡Yo, otros dos!

FIN

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https://www.safecreative.org/work/2002273181651-los-hombres-que-hablaban-solo-con-la-o

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