Matilde Gómez-Busto fundó una vanguardista escuela en la que enseñaba a sus alumnas a desarrollar el poder de la mente. Uno de sus ejercicios favoritos consistía en obligarlas a concentrarse intensamente para inflar sus propios pechos y elevarlos en contra de la gravedad. 

No servía para nada, pero pasaban unas tardes estupendas.

FiN.

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