ADIVINA, ADIVINANZA… ¿QUÉ SE ESCONDE EN ESTA ROMANZA? 

Aquella jornada de ayuno
con soldados cabalgué,
por ir mirando unos buitres
con un ascua tropecé.

Mi rocín corrió a lo loco,
no lo acuséis de traidor.
Caí, me lisié tendones,
gran bochorno me invadió.

Mi pantalón nuevecito
se rompió y grité ¡pardiez!,
asustando a una doncella
y a un docente de Aranjuez.

Entrecerré mis dos ojos,
pues fue brusca torcedura;
mi peluquín cedió al golpe
y se perdió en la espesura.

 

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