Raimunda Malaspulgas estaba una mañana plantando tomates cuando, de pronto, descubrió una antiquísima momia enterrada en su huerto.
La acogió en su casa, la vistió con una falda y le dio de comer durante varios meses, pero al final la acabó enterrando de nuevo porque no le daba conversación.
“¡Anda a tomar por culo, tía rancia!” fue lo último que le dijo antes de arrojarla al hoyo.

FiN.

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